Cómo preparar tu coche para el invierno: primera parte

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Es curioso cómo todos los años coincido con algún conocido en su coche, y veo cómo se repite la misma historia: empieza a llover y acto seguido se comenta el consabido “debería de haber cambiado los limpias”. Con este comentario solo vemos la punta de un iceberg formado por una larga lista de cosas que deberíamos mantener al día en nuestro coche cuando se acerca el frío. Esta temporada del año pone a prueba no solo elementos tan importantes como los neumáticos, sino cosas tan básicas como los limpiaparabrisas.

Personalmente, me encanta el frío y el invierno en general, pero debo admitir que esta situación requiere de una preparación correcta de nuestro coche. En este artículo voy a enumerar una lista de elementos de nuestro coche que deben ser revisados antes de meternos de lleno en el frío invierno. No solo voy a enseñaros cada elemento, además voy a enseñaros cómo mantenerlo, cómo prevenir averías, y cómo con poco dinero podréis ganar en seguridad, tanto para vosotros como para los que os rodean.

Neumáticos

Los neumáticos de nuestro coche son como el calzado para nosotros. Unas deportivas cumplen para casi todo, pero una vez gastada la suela podemos acabar haciendo la voltereta con facilidad al pasar por una zona deslizante. Sin embargo, si nos calzamos para la ocasión unas botas de calidad, lo más normal es que andemos con más seguridad, y a la vez nos protejamos mejor de eventos indeseados.

En nuestro coche pasa exactamente lo mismo. En temporada de invierno no debemos llevar neumáticos que, o bien están ya demasiado gastados, o por el contrario sean poco adecuados para condiciones climáticas adversas. Vivir en el sur o en el norte es determinante para elegir los neumáticos, pero para poder circular sin demasiados problemas lo único que debemos hacer es elegir un neumático de cierta calidad, y más bien con tendencia a la lluvia y nieve. Así nos aseguraremos un buen compromiso entre verano y invierno. Un ejemplo de neumático de este tipo sería el Michelin Crossclimate, un neumático de calidad con unas prestaciones muy conseguidas en todos los entornos.

Batería

Las baterías son muy caprichosas, y tienden a morir cuando más necesitamos nuestros coches. Además, el frío es perjudicial para su buen funcionamiento. ¿Por qué mueren tantas baterías en invierno? La respuesta es que ya estaban muriendo en el verano, por mala calidad o por desgaste de uso.

Una batería funciona con reacciones químicas en su interior, provocadas por un electrolito y unas placas metálicas que hacen posible la generación de corriente eléctrica. Las baterías de nuestros coches se están cargando y descargando continuamente, lo que hace que se degraden al cabo de los años. En invierno, la reacción química se ve afectada a partir de los 0º, de manera que se hace más lenta, y si a eso le sumamos el degradado de los años, el invierno se convierte en un momento crítico para nuestra batería.

Por suerte, en este caso es fácil prevenir. Vais al taller de turno, os pone el tester (aparato para medir tensión y amperaje) y os dirán si vuestra batería está para cambiar o no, y además os dirán la tensión que mete el alternador, que es el encargado de alimentar dicha batería.

Como consejo, no pongáis la batería más barata que encontréis. Poned una batería de calidad media o alta como una Varta, y si podéis, el modelo más grande que podáis meter en el vano motor. De esta forma, os durará más y no pagaréis el dinero dos veces por baterías baratas, que no aguantan ni dos años.

Anticongelante y circuito

Este tema es muy interesante, y me vale para hacer una comparación con un sistema circulatorio conocido por todos. El anticongelante de nuestro coche circula por el bloque motor como la sangre que corre por nuestras venas. El anticongelante con el que se refrigeran los coches se debería de cambiar al cabo de unos dos años o unos 50000 kilómetros. ¿Sabéis quién hace esto? Exactamente, nadie. El anticongelante se cambia en caso de avería, sustitución de algún elemento de refrigeración o en casa oficial.

Las consecuencias de esta terrible práctica pueden ser varias: desde un circuito sucio y un poder de refrigeración bajo, hasta tener que desmontar el salpicadero para sacar un ladrillo de radiador, que no es otro que el radiador de la calefacción. El anticongelante se degrada, pierde sus propiedades y finalmente se coagula, como la sangre en una vena obstruida. Reponer el nivel mensualmente es algo bueno, pero para evitar fiascos mayores, como el de la calefacción, recomiendo no solo tirar el viejo anticongelante, sino además hacer una limpieza con algún producto como el que ofrecen los alemanes Liqui Moly, y después rellenar el circuito con un anticongelante de calidad.

Más por menos

Por poco dinero, estos tres elementos pueden evitar muchos problemas, o bien crear problemas que multiplicarán la inversión por el quíntuple de la inversión original. En resumen, siempre es mejor (y más barato) prevenir que curar.

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