Los coches de nuestros políticos

Los coches de nuestros políticos

Casi toda la población española puede estar de acuerdo conmigo en que en general sobran políticos, pero, ¿no os pica la curiosidad por saber en qué coche se mueven los políticos más importantes del mundo?

En este artículo vamos a desglosar los coches de estos políticos, cuáles prefieren y qué les gusta. Además veremos si estos coches les hacen justicia, o más bien si estos políticos hacen justicia a sus coches. Puede ser que nos llevemos una verdadera sorpresa. Empezamos.

España: Pedro Sánchez

El presidente de nuestro país suele hacer ahora sus apariciones en el coche que antaño utilizaba Mariano Rajoy, y no, no es por venganza, es solo uno de los miles de coches oficiales del país.

Se trata de un Audi A8 L blindado, resistente a disparos y ciertas explosiones. Este coche data de 2016 y es el coche oficial del presidente del Gobierno, sea cual sea. Pedro antaño utilizaba un modesto Peugeot 407 SW de 2005.

No se sabe el verdadero paradero de este coche que lo movió cuando era secretario del pesoe, lo que sí podemos saber con seguridad es que ya no tiene ningún coche en su propiedad, lo que deja mucho que desear, ya que este país tiene una historia automovilística muy rica, y algunas figuras de nuestra política sí han sabido disfrutar de ella.

Como nota, el rey emérito Juan Carlos I tuvo una belleza sacada de los rallyes de grupo B, el Audi Quattro Sport de 1986, una bestia de 5 cilindros que se movería por nuestras carreteras secundarias como pez en el agua.

Alemania: Frank-Walter Steinmeier

Este hombre es el actual presidente de la república federal de Alemania. En este caso podemos aplicar una frase muy popular de nuestro país, “en casa de herrero, cuchara de palo”.

Vale, no, no es que vayan en pequeños utilitarios, ni tampoco conducen híbridos enchufables, pero lo que sí es cierto es que no muestran tampoco una devoción muy profunda por su industria automovilística.

Tanto Steinmeier como su predecesora Merkel han utilizado varios modelos de alta gama como la serie 7 de BMW, la clase S de Mercedes-Benz, y por supuesto, como nuestros gobernantes, Audi A8L. Por lo menos podemos decir que ellos se lo guisan, y ellos se lo comen, ya que nosotros no creo que veamos un Seat Tarraco como coche oficial en el corto plazo.

Francia: Emmanuel Macron

Vale, tampoco es un amante de la historia del automóvil en su país, pero sí que es cierto que hay dos cosas que se pueden resaltar de este hombre. La primera es que siempre ha echado mano del producto nacional, el DS7 en 2017 fue una buena elección, demostrando así que un presidente puede ir en un coche normal y sobrevivir a ello. También pienso que fue un guiño a no parecer muy ostentoso, esto es, no aparecer en un Bugatti Veyron. 

Macron ha seguido con su política de la sencillez y ha pasado a un Peugeot 5008, debidamente blindado. La segunda mención a este presidente Francés ha sido la ayuda que este está prestando a las marcas nacionales para sobrevivir al enorme bache de ventas que ha causado las últimas circunstancias mundiales. No solo el sector ya estaba dañado económicamente, sino que además con el COVID-19, ha sufrido su mayor crisis desde la última guerra. Por ejemplo, Renault ha recibido 5000 millones para seguir haciendo coches en el país galo.

Rusia: Vladimir Putin

Putin se mueve en el Aurus Senat. Una mole de de 6.5 toneladas de peso, que está equipada con los mejores blindajes de nuestros días. Desarrolla una potencia de 600 cv gracias a la hibridación, posiblemente llegue una versión con más de 800 cv.

El dato más curioso a mi parecer es que esta limusina es un claro pulso a la limusina estadounidense de Donald Trump, The Beast, que no es otra cosa que un Cadillac One, un tanque sobre ruedas para llevar a la élite de la diplomacia mundial. Me recuerda a la película de Rocky IV, sería precioso poder comparar hasta el último acabado de estas grandes moles presidenciales.

Para ir terminando, cualquier lector atento se habrá dado cuenta ya que cada líder de estos países usan su propio producto nacional para moverse y lucir un trocito (o un trozo gigante) de su patria.

La única excepción la encontramos en nosotros.

Tan inteligentes y hábiles como siempre, compramos al vecino en vez de fabricar algo propio. Nuestros gobernantes podían tomar ejemplo, y empezar a potenciar nuestra marca más conocida, SEAT.

No creo que pasase nada por aterrizar un momento e ir en un SEAT Tarraco, ¿verdad, Pedro?

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