Una rivalidad histórica: combustión vs electricidad

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Poca gente sabe la realidad del asunto que engloba el liderazgo de los dos bandos, el eléctrico y la combustión. Hay expertos que declaran que en pocos años veremos cómo el parque móvil de nuestro país, y el europeo en general, se verá gobernado por la influencia imparable de la electricidad, dejando a un lado el motor de combustión interna, y creando un parque móvil totalmente silencioso y ecológico. Sinceramente, esto me suena a un cuento maravilloso, en el que ecologistas/verdes liderados por Greta Thunberg sepultan con su lema verde y su utopía décadas de investigación en el motor de combustión.

Pero realmente y espero no equivocarme mucho, los magnates de empresas automovilísticas, empresas que producen esos componentes para coches, camiones, barcos, todos de combustión interna, ofrecerán dura resistencia a que todo por lo que se ha luchado en décadas se pierda en medio de esta marea de conciencia social y manifestaciones por especies que llevan condenadas demasiado tiempo, como para salvarlas a estas alturas de la película.

Nadie sabe en el futuro cómo puede llegar a terminar esta batalla, si de verdad será eléctrica, o si en este camino de evolución tecnológica imparable, saldrá otro rival ayudado de la toda la investigación del motor de combustión interna, y derrocará al eléctrico en una fiesta de sonidos de motores alimentados de un combustible nuevo y bramando por su victoria por encima del cadáver de un Tesla S.

Primer asalto

Pero esto no es nada nuevo.

A principios del siglo XX, la batuta la llevaba el coche eléctrico, con más unidades en las carreteras de aquellos entonces que los coches de combustión interna. De hecho, partieron con cierta ventaja, récords de velocidad, incluso las mujeres de la alta sociedad también preferían la motorización eléctrica por ser menos ruidosa y más limpia que la de combustión interna. Pero no todo es gloria en el mundo de las cargas positivas y negativas, por aquellos entonces su punto débil era el mismo que el que padecen ahora, básicamente el precio de adquisición (más del doble que un Ford T), y por supuesto el tener que parar a recargar debido a su escasa autonomía.

En esta primera etapa de la guerra por quien se quedaba con el liderazgo de las ventas de coches, las marcas como Ford, auténticos héroes para los que amamos el humo y los motores de verdad, se pusieron las pilas y recortaron los precios de adquisición más todavía, instalaron motores de arranque en las versiones de lujo, y pusieron medios para que se pudiera repostar por todo el país. Aquí fue el punto donde el coche eléctrico se quedó, y de hecho todavía sigue sin salir.

Segundo asalto

Tras décadas de liderazgo en ventas de coches de combustión interna, la década de los 90 llegó, y con ella algunos intentos de coches eléctricos como el EV1 de la mano de General Motors, que cariñosamente ridiculizan en Los Simpsons, y termina ardiendo.

Lo cierto es que después de 20 años, no han mejorado lo suficiente en su talón de Aquiles, su autonomía es escasa en modelos asequibles, y su precio es equiparable a coches de alta gama, solo que con la diferencia de llevar décadas y méritos en su diseño, y no ser coches que parecen sacados de una impresora 3D. 

Situación actual

Nadie puede saber con seguridad lo que durará esta aventura eléctrica, ni lo que tardarán las marcas más grandes de coches en investigar fuentes de energía tan potentes como el hidrógeno, no en pilas para recargar baterías, si no inyectándolo como si fuera gasolina, generando solo emisiones de vapor de agua, y una potencia mayor que cualquier combustión de las que poseemos a día de hoy. 

Lo que sí sé es que de momento la guerra la está ganando la combustión, y si el talón de Aquiles de los eléctricos no se desvanece, al igual que Tesla parece haber descubierto el arca perdida al sacar modelos de más autonomía, marcas como Mercedes-Benz o BMW investigan alternativas, alternativas para poder seguir conduciendo coches de verdad, y no lavadoras con puertas.

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